30 julio, 2012

Intentando despejar la discusión: CASEN y Pobreza



Lo que ha pasado los días después de la entrega de resultados de la Encuesta CASEN despierta desconfianza hacia las mediciones de pobreza y hacia el instrumento en general. Gran parte del debate ha sido ensuciado por intereses políticos y ha dificultado el análisis serio y responsable.
Las cifras que se presentaron, representan un “termómetro” para medir como va el país en cuanto a si los ingresos de las personas alcanzan un umbral. No pretende -ni puede- ser un indicador exhaustivo del bienestar del país. Esta cifra por sí sola poco se usa para el diseño de políticas y menos para asignar beneficiarios a un programa, como algunos han confundido en estos días.
Esta encuesta es bastante completa en cuanto a los datos que recoge y permite hacer una radiografía muy informativa. Así, de esta misma encuesta se pueden construir distintas medidas de pobreza. El problema no es la encuesta, sobre ésta se podrían aplicar distintas líneas de pobreza e integrar distintos factores a una medida más completa de pobreza.
Cuando el gobierno entrega los resultados de pobreza se refiere a cuanta gente se considera pobre por ingresos. La discusión de qué es ser pobre es algo abierto. Esta cifra debe leerse como un indicador simplificado de un problema mayor y no una simplificación del problema. No está en discusión si el que no puede terminar de estudiar, no tiene un empleo de calidad, su casa se llueve o se siente pobre, es pobre o no.
Ha sido bueno escuchar en el debate que no se pueden considerar solo los ingresos en la medición del bienestar. Eso en parte refleja que estamos mejor como país y que ya podemos mirar otros aspectos más integrales de las familias chilenas para lo que probablemente no había espacio hace 20 años cuando más del 30% de la población se encontraba bajo la línea de la pobreza.
Es un hecho que -usando un umbral estandarizado- disminuyó la pobreza por ingresos, especialmente la pobreza extrema. Otro tema es que se podría actualizar esa medida cambiando algunos parámetros y usando nuevos estándares de consumo, creando así mediciones paralelas. Y una discusión diferente es qué entendemos por pobreza. Sin quebrar el termómetro que se ha venido usado se pueden integrar más factores en el análisis. ¿Cuánto ha mejorado la escolaridad, el empleo, la calidad de la vivienda en los últimos años? Al mirar estos datos por separado podemos saber si ha disminuido la pobreza con una mirada más integral y son un buen complemento a la medida actual.


Francisca de Iruarrizaga y Jorge Fantuzzi

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