Lo que ha pasado
los días después de la entrega de resultados de la Encuesta CASEN despierta
desconfianza hacia las mediciones de pobreza y hacia el instrumento en general.
Gran parte del debate ha sido ensuciado por intereses políticos y ha
dificultado el análisis serio y responsable.
Las cifras que se
presentaron, representan un “termómetro” para medir como va el país en cuanto a
si los ingresos de las personas alcanzan un umbral. No
pretende -ni puede- ser un indicador exhaustivo del bienestar del país. Esta
cifra por sí sola poco se usa para el diseño de políticas y menos para asignar
beneficiarios a un programa, como algunos han confundido en estos días.
Esta encuesta es
bastante completa en cuanto a los datos que recoge y permite hacer una
radiografía muy informativa. Así, de esta misma encuesta se pueden construir
distintas medidas de pobreza. El problema no es la encuesta, sobre ésta se
podrían aplicar distintas líneas de pobreza e integrar distintos factores a una
medida más completa de pobreza.
Cuando el
gobierno entrega los resultados de pobreza se refiere a cuanta gente se
considera pobre por ingresos. La discusión de qué es ser pobre es algo abierto.
Esta cifra debe leerse como un indicador simplificado de un problema mayor y no
una simplificación del problema. No está en discusión si el que no puede
terminar de estudiar, no tiene un empleo de calidad, su casa se llueve o se
siente pobre, es pobre o no.
Ha sido bueno escuchar
en el debate que no se pueden considerar solo los ingresos en la medición del
bienestar. Eso en parte refleja que estamos mejor como país y que ya podemos
mirar otros aspectos más integrales de las familias chilenas para lo que
probablemente no había espacio hace 20 años cuando más del 30% de la población
se encontraba bajo la línea de la pobreza.
Es un hecho que -usando
un umbral estandarizado- disminuyó la pobreza por ingresos, especialmente la
pobreza extrema. Otro tema es que se podría actualizar esa medida cambiando
algunos parámetros y usando nuevos estándares de consumo, creando así
mediciones paralelas. Y una discusión diferente es qué entendemos por pobreza.
Sin quebrar el termómetro que se ha venido usado se pueden integrar más factores
en el análisis. ¿Cuánto ha mejorado la escolaridad, el empleo, la calidad de la
vivienda en los últimos años? Al mirar estos datos por separado podemos saber
si ha disminuido la pobreza con una mirada más integral y son un buen
complemento a la medida actual.
Francisca de Iruarrizaga y Jorge Fantuzzi
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